Tardé en volver.
Me entretuve.
Buscándome la vida deambulé,
anduve de nube en nube,
estuve de hotel en hotel.
El amor de la pluma obtuve,
por haberle sido fiel.
Tuve millones de letras agarradas a mi piel,
decían: "no te soltaremos hasta estar en el papel".
-Nach-
Quizá te preguntes dónde he estado.
Es posible que llegaras a pensar que ya no volvería por aquí. Que el Palacio de las Inquietudes quedó abandonado para siempre.
Pero el alma lleva instalada una brújula de serie que le hace retornar, eventualmente, a esos lugares que merecen ser recordados.
Mi regreso era inevitable. Y no es casualidad que sea precisamente ahora.
Déjame que te cuente un dato curioso: hace 10 años que escribí la primera entrada de este blog.
Ha pasado una década desde aquel momento en el que me senté frente al teclado con el Corazón Roto y me entregué por completo al dolor y al lamento.
Quisiera no ponerme especialmente dramático, pero estoy seguro de que no lo voy a conseguir.Aquella primera entrada me hizo entender algo, aunque fuera de manera inconsciente.
Me di cuenta de que al plasmar todo el sufrimiento que sentía por dentro, era como si de alguna manera estuviera dejándolo marchar.
Lenta e ineficazmente, sí, pero resultó ser la única forma que encontré para enfrentarme a mis demonios.
Permíteme que te sea sincero.
Fueron necesarios muchos años y cientos de textos para que aquel Corazón Roto se reconstruyera y dejara de sangrar.
Aunque ahora tengo claro que las cicatrices permanecerán en él para siempre.
Pero no nos pongamos tristes.
Aunque esté lejos del final, esta historia tiene una conclusión feliz.
Han pasado 87600 horas (más o menos) desde aquel momento en que decidí enfrentarme a una oscuridad sin fin y deambular por ella hasta dar con una puerta que me llevara a un lugar más iluminado y menos solitario.
Desde entonces me he destruido y reconstruido decenas de veces.
Al igual que un fénix hecho de cristal, que resurge de entre un millar de esquirlas afiladas que antes rasgaban su cordura; cada renacimiento me ha hecho más resistente y quizá no más listo, pero si más astuto.
A pesar de ello no he dejado de tropezarme, por supuesto que no.
En los diez años que han pasado desde aquella primera entrada me he enamorado muchas veces. O demasiado pocas. Lo cierto es que no lo tengo nada claro.
Y cada relación se ha sentido diferente, para bien y para mal.
Algunas han sido breves y pasionales, como si fueran fuegos artificiales. Bellas luces de colores que han iluminado el cielo nocturno para apagarse rápidamente al poco de haber alcanzado su máximo esplendor.
Otras han sido largas y tranquilas, como el calor que ofrecen las ascuas de una chimenea en invierno. Un confortable remanso de paz donde te sientes a gusto, pero que lamentablemente acaba extinguiéndose si nadie aviva el fuego que las alimenta.
Y otras... en fin. Otras han sido frías e hirientes. Como una daga que desgarra la carne y se abre paso hasta el corazón sin mostrar piedad.
Todas quedan ahora en el pasado, por suerte o por desgracia. Todas tuvieron sus luces y sus sombras. Todas me enseñaron algo nuevo y trascendente que, de algún modo, me hizo crecer como persona.
No me arrepiento del dolor sufrido y las cagadas cometidas en este aspecto.
Aunque si hablamos de cagadas, la verdad es que también la he liado en otros ámbitos, por supuesto.
He vagado sin rumbo toda mi vida, rogando a los cielos para encontrarme a mí mismo y saber qué es lo que realmente quiero.
Desde que tuve la oportunidad de escoger una asignatura optativa en 1º de la E.S.O, he probado distintos estudios y trabajos con la esperanza de encontrar algo en esta vida que despertara en mí un ápice de interés.
Y así, fui rebotando de un intento a otro durante 20 largos años. Ciencias ambientales, ingeniería agronómica, química, cocina y fontanería. Coqueteé con la idea de ser piloto de drones o policía. Barajé la posibilidad de estudiar criminología. Y periodismo.
Incluso empecé a prepararme para las oposiciones a cartero. Hasta llegué a buscar los requisitos para ser detective privado. ¿Te imaginas?
Me escandaliza pensar lo cerca que estuve miles de veces de tirar la toalla y asumir que jamás encontraría algo que realmente me interesara.
Me metí en todo tipo de historias para probar algo distinto, y como consecuencia, fracasé de una manera u otra en todas y cada una de ellas.
Pero gracias a todos aquellos fracasos (tanto personales como profesionales), en algún punto indeterminado me di cuenta que mi alma se había convertido en grafeno: increíblemente resistente y sorprendentemente flexible.
Resiliente.
Espero que me perdones si me excedo lanzándome flores, pero estoy particularmente orgulloso de semejante hazaña.
| Diez años sin poner una foto mía. Ya iba siendo hora. |
Me convertí en una extraña criatura risueña que le encuentra el lado positivo incluso a los momentos más jodidos.
Caminé durante tanto tiempo con la soledad y la inseguridad instalados en mi espalda, que aprendí a abrazarlos como a viejos amigos y les perdí el miedo por completo.
Han sido diez años plagados de retos y aprendizajes. De profundas carcajadas y de llantos muy amargos.
Diez años de sentir que un día vuelo alto como un cóndor y al siguiente la vida me hace hincar la rodilla en el barro.
Joder.
Una década que, irónicamente, me ha enseñado a agradecer alguna de mis cicatrices y lamentar alguno de mis orgasmos.
3650 días en los que me ha dado tiempo a interpretar muchas veces el papel de héroe y de canalla.
87600 horas en las me he actualizado tantas veces que tendría que presentarme de nuevo a muchas personas, porque seguramente les resultaría totalmente desconocido.
Y me parece bien.
Al final, solo necesito fijarme en una cosa. ¿Te la cuento?
Cuando escribí la primera entrada era incapaz de dormir.
La oscuridad de la noche, el silencio y la soledad creaban una atmósfera asfixiante que me torturaba sin descanso y me impedía conciliar el sueño.
Durante muchos meses luché por mantener la cordura mientras dormía una o dos horas al día (a veces ni eso). Los escasos momentos en los que lograba dormir era atormentado por pesadillas plagadas de una soledad y una agonía aún más profundas y bizarras que aquellas que sufría cuando estaba despierto.
Cuando entiendes que las horas de sueño han dejado de ser un refugio y se han convertido en tu peor enemigo, descubres con horror absoluto que se instala en tu interior un temor real a quedarte dormido.
Y así es como empiezas a perder el contacto con la realidad.
Si no hubiera logrado superar todo aquello, soy incapaz de visualizar cómo habría terminado mi historia.
Pero siento escalofríos si trato de imaginarlo.
Y sin embargo, hoy duermo como un bebé, del tirón y con una tranquilidad bendecida por los mismos dioses. Ahora mis sueños habitualmente tratan sobre comida deliciosa, personas a las que amo y aventuras maravillosas. Te lo digo en serio.
Sueños llenos de felicidad, descanso y gozo. Como si mi mente me dijera en su propio idioma que ahora todo está bien. Que aquello que estaba roto ha sido reparado.
Eso me basta para saber que algo habré hecho bien en estos diez años que han transcurrido desde que escribí aquella primera entrada.
En esta ocasión no tardaré tanto en volver por aquí.
Nos veremos pronto. Cuídate mucho, ¿vale?
Comentarios
Publicar un comentario