.Oscuridad. [Especial de Halloween]



Nota de autor:  [Editado el 30/10/2012] Os presento un relato que escribí en exclusiva para  www.97cats.es  y que ha acabado siendo uno de los 3 textos ganadores del concurso de esta fabulosa pagina. 

Jack era un niño asustadizo. Empezó a serlo cuando, como decía su padre, su madre se fue al cielo años atrás. A Jack le asustaban muchas cosas, pero lo que más le atemorizaba era la oscuridad. Le aterraba quedarse a oscuras y no poder ver que había a su alrededor.
Cierto día, despertó en su cama al sentir muchas ganas de ir al baño, pero cuando abrió los ojos, a Jack se le cayó el alma a los pies. La lucecita de su cuarto estaba apagada. Hacía años que eso no ocurría. El corazón comenzó a latirle deprisa. Necesitaba ir al baño, pero casi podía ver unas manos de larguísimos dedos huesudos aferrándose al marco de su puerta, sin duda propiedad de una criatura infernal, dotada de afilados colmillos y enormes ojos de insecto. Un ser que disfrutaba de separar lentamente la carne cruda de los huesos de sus víctimas, y lamer con una lengua larga y blanquecina la sangre que manaba de ellas, mientras gritaban sin cesar.
Sintió un escalofrío.
Armándose de todo el valor del mundo, Jack abandonó la seguridad que le ofrecían sus mantas, y se levantó. Avanzó con rapidez hasta el interruptor de la luz de su habitación y lo accionó, iluminando la estancia. Más tranquilo, salió al pasillo y miró a ambos lados. Cuando se cercioró de que nada se iba a abalanzar sobre él, salió de su cuarto y se encaminó al retrete.
Abrió la puerta del mismo y ahogó un grito de terror, pues ya había algo dentro del servicio, sentado sobre el váter, esperándole.
Se trataba de un payaso absurdamente deformado. Tenía unos brazos y piernas larguísimos y delgados como la pata de una silla. Sus manos tenían unos dedos largos y huesudos, como los que había visto en el marco de su puerta, con uñas largas y afiladas. Vestía con ropas de alegres colorines, pero moteadas con enormes manchas oscuras de sangre reseca. Pero lo que más aterró a Jack, fue la desproporcionada cabeza del payaso. Era enorme y redonda, con largos pelos rojizos que le caían sucios y a mechones por la cara. Tenía los ojos de diferente tamaño, pero los dos carecían de parpados y parecían estar a punto de caérsele de las cuencas mientras miraba al chico a los ojos sin pestañear. Y su boca. ¡Ah! Su boca era lo más horrible de aquella cara. Era una boca grandísima, que dejaba ver unos enormes dientes afilados, y un tramo enorme de encías rojas y ensangrentadas, mientras dibujaba una sonrisa despiadada.
-Hola, chico. –Le dijo el payaso con aquella boca enorme. –Te estaba esperando.
Y entonces se echó a reír a carcajadas, abriendo la boca de manera imposible. Aquel deforme y sangrante agujero era tan grande que podría haberse metido entera la cabeza de Jack sin problemas. Y quizá era eso lo que pretendía hacer.
Sin pensarlo dos veces, Jack salió corriendo por el pasillo, gritando aterrado, sabiendo que más adelante no había salida.
El payaso se levantó y caminó veloz hacia el niño, sin dejar de emitir aquella risa demente que le perforaba los tímpanos a Jack.
El terror le traicionó, y Jack tropezó con sus propios pies, cayendo de bocas al duro suelo. Trató de seguir huyendo, pero el payaso cayó encima de él, apresándolo con aquellas horribles manos. Le dio la vuelta y se colocó encima del chico, sin dejar de reír.
-Solo de pensar en arrancarte la carne a mordiscos hace que se me haga agua la boca.- Dijo el payaso, mientras enormes gotas de saliva rojiza resbalaban por su mentón. Se agacho y coloco su cara encima de la del chico. Jack seguía gritando mientras las enormes y asquerosas gotas de babas le caían al rostro. Entonces el payaso atacó velozmente y mordió el cuello del chico, separando un trozo de jugosa carne ensangrentada con sus colmillos sucios y amarillentos. Masticó y trago con deleite, y volvió a atacar, esta vez a la cara del chico, que sintió como los colmillos desgarraban su mejilla. El dolor se hizo insoportable.
Y entonces Jack despertó de nuevo en su cama, jadeando. Todo había sido una pesadilla.  Una horrible pesadilla. La lucecita estaba encendida, pero Jack seguía muy asustado, asique decidió ir con su papá. Él no le hacía sentir tan bien como su mamá, pero seguro que su papá también lo protegería del payaso si rondaba por ahí.
Se levantó y fue corriendo al despacho de su padre, donde él aun estaba despierto.
-Papá, tengo mucho miedo. Hay un payaso malo con colmillos que me quiere comer. –Dijo Jack.
Su padre lo miró en silencio durante un segundo sin ningún tipo de expresión en el rostro. Luego sonrió, dejó algo sobre la mesa y se levantó del sillón.
-Nada tienes que temer de los monstruos que habitan en tus sueños, hijo. – Le consoló. – Vamos, te acompaño a tu cama. No te preocupes.
Los dos entraron en la habitación, y mientras Jack se metía en la cama, su padre cerró la puerta tras de sí.
-Nada tienes que temer de los monstruos de tus pesadillas – Repitió su padre. Y añadió –Pero deberías cuidarte de los monstruos que viven en la realidad.
Jack no entendió esa última frase, pero gritó asustado cuando su padre desenchufó la lucecita de su cuarto, apagó la luz, y lo dejó todo completamente a oscuras. Entonces pensó en lo que había dejado su padre en la mesa. Era un frasco, donde ponía Clozapina, y estaba sin abrir. Jack no sabía qué era eso, ni sabía que su padre llevaba muchas semanas sin tomarse sus pastillas. Lo único que sabía es que las pastillas hacían que su papá estuviera bien.
-Creo que te haré un favor si te envío al cielo. –Dijo el hombre, y se abalanzó sobre su propio hijo.- Igual que hice con tu madre.
Nadie llegó a escuchar los desesperados gritos de Jack cuando su padre empezó a acuchillarlo con la navaja que llevaba guardada, mientras a ambos los engullia la oscuridad.

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