Escuchaba el sedante sonido del agua repiquetear contra el mármol al caer.
Era una de las cosas que más le había relajado toda su vida.
Se había sentado en el suelo de la ducha, y se concentraba en discernir en qué partes de su cuerpo sentía el frío del aire que entraba por la ventana, y en qué partes sentía la calidez del agua que le acariciaba.
Tenía sueño. Mucho sueño.
Durante una fracción de segundo sintió miedo. Luego simplemente se olvidó de en qué estaba pensando, y volvió a sentir el agua recorrer su espalda y su nuca con deleite.
Su mente se apagaba.
Solamente existía el sonido lluvioso del agua. Solo existían el calor y el frío que danzaban por su piel.
Al fin su mente estaba callada, después de tanto tiempo. No había pensamientos. No había deseos. No había anhelos, ni miedos, ni sueños rotos, ni recuerdos. Sobre todo recuerdos.
Sus ojos se cerraban.
¿Qué recuerdos? Sintió que en algún punto del inmenso cosmos intangible que era su mente, algo pugnaba por seguir activo y dar vida a un pensamiento, el cual, tenía la certeza de haberlo repetido miles de veces.
Su aliento se pausaba.
Una cara sin rasgos definidos luchó con fuerza por tomar forma en los últimos retazos de su mente. Pero en el negro del interior de sus párpados comenzaron a bailar luces de colores. Primero unas pocas, luego empezaron a aumentar en número, y olvidó que estaba intentando recordar algo.
"Al fin y al cabo, olvidar es lo que deseo" Dijo una voz en una mente que terminó por colapsar, y ni si quiera comprendió el significado de aquellas palabras.
Su corazón se dormía.
Solo quedaron los bellos colores delante de sus ojos, y un último atisbo del sonido del agua, que seguía cayendo sobre su piel.
Se había sentado en el suelo de la ducha, y se concentraba en discernir en qué partes de su cuerpo sentía el frío del aire que entraba por la ventana, y en qué partes sentía la calidez del agua que le acariciaba.
Tenía sueño. Mucho sueño.
Durante una fracción de segundo sintió miedo. Luego simplemente se olvidó de en qué estaba pensando, y volvió a sentir el agua recorrer su espalda y su nuca con deleite.
Su mente se apagaba.
Solamente existía el sonido lluvioso del agua. Solo existían el calor y el frío que danzaban por su piel.
Al fin su mente estaba callada, después de tanto tiempo. No había pensamientos. No había deseos. No había anhelos, ni miedos, ni sueños rotos, ni recuerdos. Sobre todo recuerdos.
Sus ojos se cerraban.
¿Qué recuerdos? Sintió que en algún punto del inmenso cosmos intangible que era su mente, algo pugnaba por seguir activo y dar vida a un pensamiento, el cual, tenía la certeza de haberlo repetido miles de veces.
Su aliento se pausaba.
Una cara sin rasgos definidos luchó con fuerza por tomar forma en los últimos retazos de su mente. Pero en el negro del interior de sus párpados comenzaron a bailar luces de colores. Primero unas pocas, luego empezaron a aumentar en número, y olvidó que estaba intentando recordar algo.
"Al fin y al cabo, olvidar es lo que deseo" Dijo una voz en una mente que terminó por colapsar, y ni si quiera comprendió el significado de aquellas palabras.
Su corazón se dormía.
Solo quedaron los bellos colores delante de sus ojos, y un último atisbo del sonido del agua, que seguía cayendo sobre su piel.

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