Tic tac. Tic tac.
Otra vuelta más entre mis mantas. Este maldito sueño no
se decidirá a venir.
Tic tac. Tic tac.
Paso de una postura incomoda a otra. ¿Cómo puede ser?
Anoche me sentía genial así. Ahora parece que me sobran todas las extremidades.
Es la enésima vez que me pongo boca arriba, mirando a través
de la densa negrura que inunda mi habitación. En algún punto ahí arriba está el
techo, pero no soy capaz de ver ni los dedos que coloco casi rozando mis
pestañas. Solo oscuridad ahí fuera, que hace juego con la oscuridad que
llevo dentro.
Qué calor. Me destapo.
Ostia, qué frío. Me vuelvo a tapar.
Pienso. Desde luego que pienso. Es el momento y el lugar
¿verdad? Un auténtico y virtuoso desfile de fracasos del pasado recorre con
algarabías los pespuntes de mi colcha, de manera que es imposible no prestarles
atención. Qué genuino y estúpido padecer. Sentir dolor por cosas por las que ya
sufrí cuando era el momento oportuno. Pero ahí me tienes. Un muñeco de trapo
medio tirado en la oscuridad con una mano y un pie fuera de la cama, sin otro
horizonte a la vista más que seguir eviscerando mi mente con la crueldad de un
niño que disfruta quemando hormigas con una lupa. Esa crueldad del que sabe que
puede parar, pero no lo hace porque en el fondo no quiere.
Pero no solo con el
pasado te puedes acuchillar el alma. ¿Quién
quiere recordar el pasado, en el que las cosas salieron mal de UNA forma en
concreto, cuando puedes torturarte pensando en el futuro y en las INFINITAS
posibilidades en las que se pueden joder todas y cada una de tus ilusiones?
¡Claro que sí! Estoy
seguro que a más de uno le suena esta cantinela.
Tic tac. Tic tac.
Las horas pasan, y ahí sigo. Con una obstinación contumaz
a la hora de perpetrar este crimen contra mí mismo y contra mi cordura. Ahí sigo,
hundiéndome cada vez más en mi lado oscuro.
Pero después de
esto, querid@ amig@, si has llegado hasta aquí te mereces que te cuente un secreto:
¡No existe el lado oscuro! ¡No existen las sombras, ni la
oscuridad interna! No existen los fracasos del pasado, porque hace mucho que se
fueron, y no existen los fracasos del futuro, porque aun no han llegado.
La verdad, la gran verdad, la ÚNICA verdad es la
siguiente:
En este mundo la única cosa que existe son las horas que
mueren lentamente mientras sufrimos por y para nada.
Te juro una cosa. Al final del camino, cuando toda esta
gran función se acabe y se cierre el telón que son nuestros párpados, todos y
cada uno de nosotros nos lamentaremos de esas horas que dejamos morir lentamente
mientras dábamos vueltas en la cama sufriendo sin razón.
Asique, ¡Vive! ¡Ve y crea! ¡Construye algo! ¡Una
historia, un texto, un cuadro, un plato de cocina, una página web, una nueva
medicina, un abrazo, un sentimiento, una nueva táctica para tu equipo! ¡Ilusiónate!
¡Embárcate en nuevos proyectos y no temas fracasar ni sufrir! ¡Goza de los
retos! Si ha de llegar el momento del dolor y del insomnio, ¡que no te paralice!
Escribe, lee, juega, estudia o mírate una peli, pero no permitas que llegue el
final y que te dejes cosas por hacer por haber dejado morir tus horas.
Por haber dejado morir tu vida.
Por haber dejado morir tu tiempo.
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