Esta entrada quizá sea un poco larga y pesada de leer. Hoy me da igual. Este texto no está hecho para que guste a cualquiera que pueda leerlo. Este texto va a ser mi desahogo. Lo necesito.
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Los que me conocen bien saben que soy un tipo tranquilo. Por norma general, soy una persona amable, risueña, que saluda a todo el mundo con cordialidad y que da conversación a cualquiera que se pare a hablar conmigo. Me gusta ser amigo de todo el mundo, llevarme bien con todo tipo de personas y sentir que los demás aprecian mi personalidad cálida y amable.
Soy así. Me es mucho más fácil aceptar los defectos de una persona que echárselos en cara. Generalmente los defectos que pueda encontrar en los demás, a mis ojos, nunca son tan graves como para que a mí no me nazca una sonrisa sincera y amable.
Pero los que me conocen bien, saben que no tolero a todo el mundo.
Soy amable. Pero no sumiso.
Soy tranquilo. Pero no cobarde.
Soy risueño. Pero no estúpido.
El hecho de que me guste ir a buenas con todas las personas que pueda, no significa que no sea consciente que de vez en cuando, es inevitable tener que enfrentarse a personas tóxicas que por un motivo o por otro, te hacen daño. Consciente o inconscientemente.
Algunas personas, por su personalidad, dicen o hacen cosas que no son de tu agrado. No me gusta, pero nunca he tenido ningún problema en hacerme respetar, en dejar las cosas claras y no permitir que nadie se propase conmigo o con las personas que quiero. Generalmente unas palabras tranquilas con firmeza y una mirada seria por mi parte, bastan para que la otra persona se dé cuenta de que se ha pasado. Se lo toman mejor o peor, pero en el futuro se cuidan de volver a pasarse conmigo. Aquí paz y allá gloria. No veo motivo para llevar el cabreo a cotas más elevadas por un error o una frase inadecuada.
Pero de vez en cuando, me encuentro con un tipo de personas a las que no soporto.
No es que no las soporte. Es que las odio. Con intensidad. Con ardor.
Como ya he dicho, las personas que me conocen muy bien, saben que hay una cosa en este mundo que no puedo tragar.
La crueldad.
Detesto con amargura a las personas crueles. Las odio sin medida. Odio a ese tipo de personas que se crecen viendo como otra criatura (personas o animal) pasa un apuro. Desprecio a los que solo consiguen sentirse bien cuando humillan a una criatura más tranquila, más indefensa o simplemente con menos maldad.
Son parásitos de felicidad. Vampiros crueles y malvados que te absorben las fuerzas y las ganas de vivir. Son un cáncer. Seres inmundos que disfrutan con el sufrimiento ajeno. Son mi antítesis en todos los sentidos. Yo me nutro de hacer feliz a los que me rodean, mientras que ellos se alimentan de la miseria y el sufrimiento ajeno. No lo puedo soportar.
Para mi modo de vivir la vida, son una aberración, y siento un odio y una ira enfermizos en mis entrañas cuando me encuentro con una persona así.
Son veneno puro.
Son seres que en el fondo sufren un complejo tremendo de inferioridad. Personalidades débiles, cobardes, quebradizas, que son conscientes de su propia mediocridad y tratan de realizar una sobrecompensación haciéndose los duros, los machotes, los agresivos. Tratan de aparentar por activa y por pasiva que son el macho alfa de la manada, que su palabra es Ley, porque no son capaces de afrontar que les rebatan una opinión, o que alguien haga algo mejor que ellos.
Los he odiado y me he enfrentado a este tipo de personas desde que era pequeño. Tanto si trataban de hacerme daño a mí, como si trataban de hacer daño a cualquiera que me rodeara, así ha sido mi forma de ser. Ver como una persona disfruta haciendo sentir mal a los demás es algo que no puedo pasar por alto. No puedo.
Sin embargo, hay veces que no te queda mas remedio que tratar con estas personas. Es el unico camino que te queda, y no tienes otra opción que tener que aguantar esta persona horas y horas sin descansar de su agotadora e infecta presencia.
Asique tienes que tragarte toda tu ira, todo tu odio.
Tienes que guardar todas las palabras que merecen ser dichas.
Y yo no lo llevo bien. Nada bien.
Pero no me derrumbaré.
Mi único consuelo es saber que yo soy tan irritante para este tipo de personas, como ellas lo son para mí, pues no hay nada peor para un abusón que encontrarse con una persona que no le teme y que no se somete a sus bravatas. No hay nada peor para este tipo de personas que sentir que sus actos no hacen mella en una personalidad que es más fuerte que la suya, porque es lo que pone de mayor manifiesto su debilidad y su cobardía.
Asique desde aquí, desde este oscuro rincón que me ampara, yo maldigo a todas las personas crueles que disfrutan con el sufrimiento y la derrota ajenos. Desde aquí vierto la inquina que siento en mi interior, y espero que tarde o temprano os lleguen sus consecuencias. Desde aquí os auguro un futuro miserable y traicionero, acorde a vuestras miserables y traicioneras almas.
Sois el pus que pudre las heridas de este mundo enfermo y marchito. Sois la maldad hecha carne y os odio de un modo tan acérrimo que noto la amarga hiel en mi boca mientras escribo estas líneas. Sois víboras traicioneras que esperan el momento adecuado para morder al indefenso e inyectar el veneno de la duda y el miedo en sus venas. Sois alimañas miserables y cobardes en busca de un bocado de carroña.
Pero aún existimos personas de honor. Y las personas de honor seremos el viento que disipe las tinieblas de vuestro viciado reino. Seremos el antídoto para vuestro abyecto veneno de inseguridad y temor. Seremos el ariete que derribara las murallas de egoísmo tras las que os escondéis.
Yo no os he temido, ni os he respetado jamás.
Hacia vosotros solo siento ira .
Hacia vosotros solo siento desprecio.
Hacia vosotros...
Solo siento odio.
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Los que me conocen bien saben que soy un tipo tranquilo. Por norma general, soy una persona amable, risueña, que saluda a todo el mundo con cordialidad y que da conversación a cualquiera que se pare a hablar conmigo. Me gusta ser amigo de todo el mundo, llevarme bien con todo tipo de personas y sentir que los demás aprecian mi personalidad cálida y amable.
Soy así. Me es mucho más fácil aceptar los defectos de una persona que echárselos en cara. Generalmente los defectos que pueda encontrar en los demás, a mis ojos, nunca son tan graves como para que a mí no me nazca una sonrisa sincera y amable.
Pero los que me conocen bien, saben que no tolero a todo el mundo.
Soy amable. Pero no sumiso.
Soy tranquilo. Pero no cobarde.
Soy risueño. Pero no estúpido.
El hecho de que me guste ir a buenas con todas las personas que pueda, no significa que no sea consciente que de vez en cuando, es inevitable tener que enfrentarse a personas tóxicas que por un motivo o por otro, te hacen daño. Consciente o inconscientemente.
Algunas personas, por su personalidad, dicen o hacen cosas que no son de tu agrado. No me gusta, pero nunca he tenido ningún problema en hacerme respetar, en dejar las cosas claras y no permitir que nadie se propase conmigo o con las personas que quiero. Generalmente unas palabras tranquilas con firmeza y una mirada seria por mi parte, bastan para que la otra persona se dé cuenta de que se ha pasado. Se lo toman mejor o peor, pero en el futuro se cuidan de volver a pasarse conmigo. Aquí paz y allá gloria. No veo motivo para llevar el cabreo a cotas más elevadas por un error o una frase inadecuada.
Pero de vez en cuando, me encuentro con un tipo de personas a las que no soporto.
No es que no las soporte. Es que las odio. Con intensidad. Con ardor.
Como ya he dicho, las personas que me conocen muy bien, saben que hay una cosa en este mundo que no puedo tragar.
La crueldad.
Detesto con amargura a las personas crueles. Las odio sin medida. Odio a ese tipo de personas que se crecen viendo como otra criatura (personas o animal) pasa un apuro. Desprecio a los que solo consiguen sentirse bien cuando humillan a una criatura más tranquila, más indefensa o simplemente con menos maldad.
Para mi modo de vivir la vida, son una aberración, y siento un odio y una ira enfermizos en mis entrañas cuando me encuentro con una persona así.
Son veneno puro.
Son seres que en el fondo sufren un complejo tremendo de inferioridad. Personalidades débiles, cobardes, quebradizas, que son conscientes de su propia mediocridad y tratan de realizar una sobrecompensación haciéndose los duros, los machotes, los agresivos. Tratan de aparentar por activa y por pasiva que son el macho alfa de la manada, que su palabra es Ley, porque no son capaces de afrontar que les rebatan una opinión, o que alguien haga algo mejor que ellos.
Los he odiado y me he enfrentado a este tipo de personas desde que era pequeño. Tanto si trataban de hacerme daño a mí, como si trataban de hacer daño a cualquiera que me rodeara, así ha sido mi forma de ser. Ver como una persona disfruta haciendo sentir mal a los demás es algo que no puedo pasar por alto. No puedo.
Sin embargo, hay veces que no te queda mas remedio que tratar con estas personas. Es el unico camino que te queda, y no tienes otra opción que tener que aguantar esta persona horas y horas sin descansar de su agotadora e infecta presencia.
Asique tienes que tragarte toda tu ira, todo tu odio.
Tienes que guardar todas las palabras que merecen ser dichas.
Y yo no lo llevo bien. Nada bien.
Pero no me derrumbaré.
Mi único consuelo es saber que yo soy tan irritante para este tipo de personas, como ellas lo son para mí, pues no hay nada peor para un abusón que encontrarse con una persona que no le teme y que no se somete a sus bravatas. No hay nada peor para este tipo de personas que sentir que sus actos no hacen mella en una personalidad que es más fuerte que la suya, porque es lo que pone de mayor manifiesto su debilidad y su cobardía.
Asique desde aquí, desde este oscuro rincón que me ampara, yo maldigo a todas las personas crueles que disfrutan con el sufrimiento y la derrota ajenos. Desde aquí vierto la inquina que siento en mi interior, y espero que tarde o temprano os lleguen sus consecuencias. Desde aquí os auguro un futuro miserable y traicionero, acorde a vuestras miserables y traicioneras almas.
Sois el pus que pudre las heridas de este mundo enfermo y marchito. Sois la maldad hecha carne y os odio de un modo tan acérrimo que noto la amarga hiel en mi boca mientras escribo estas líneas. Sois víboras traicioneras que esperan el momento adecuado para morder al indefenso e inyectar el veneno de la duda y el miedo en sus venas. Sois alimañas miserables y cobardes en busca de un bocado de carroña.
Pero aún existimos personas de honor. Y las personas de honor seremos el viento que disipe las tinieblas de vuestro viciado reino. Seremos el antídoto para vuestro abyecto veneno de inseguridad y temor. Seremos el ariete que derribara las murallas de egoísmo tras las que os escondéis.
Yo no os he temido, ni os he respetado jamás.
Que se os lleve la oscuridad y el olvido. No merecéis otra
cosa.
Hacia vosotros solo siento ira .
Hacia vosotros solo siento desprecio.
Hacia vosotros...
Solo siento odio.
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