.Felicidad.

Hola, ¿Qué tal? ¿Cómo te ha ido el día? Por favor, toma asiento. Acomódate, no hay prisa. Relájate. Respira profundamente y dedícate un minuto para olvidarte de lo que hay fuera de estas líneas. Eso es. El mundo no se va a ir a ninguna parte, puede esperar unos minutos para que vuelvas a prestarle atención.
Dime... ¿Eres feliz?
No, en serio. ¿Lo eres?
Párate un momento a pensar en ello. ¿Eres feliz con tu vida? ¿Con tu entorno? ¿Con tus éxitos y tus fracasos?
¿Podrías ser más feliz? ¿Con una casa mas grande, quizá? ¿Con una nómina más abultada? ¿Con un armario lleno de zapatos? ¿O con un coche con un caballito en su logotipo?

Nadie te culparía si la respuesta fuera "sí", al fin y al cabo, es la forma de vida con la que hemos nacido y crecido.

Verás... Creo que desde hace mucho tiempo la humanidad ha tomado una filosofía eudomonistica errónea. Quizá estas palabras no te digan nada, o quizá pienses que no te estoy contando nada nuevo. Ambos casos serían normales. Déjame que te explique.

El eudomonismo aristotélico habla de alcanzar el estado ideal de felicidad mediante la práctica de una serie de virtudes éticas y dianoeticas. Hablando en plata y siendo poco riguroso, decia que fueras comedido en tus acciones y con ello alcanzarías la sabiduría que, para él, era el estado ideal de felicidad.
Desde entonces han surgido muchas filosofías eudomonisticas que tenían en común justamente el concepto de: "sigue este camino y alcanzarás la felicidad".

Y la vida de hoy en día no es diferente, creo que desde hace tiempo impera el concepto de: "Triunfa, y serás feliz"

Es como si la felicidad fuera una recompensa que solo merecen aquellos que triunfan de una manera o de otra.
No sé si me sigues.
Tenemos el concepto de que todos nuestros esfuerzos se realizan para converger en un solo punto: La felicidad en el futuro. Creo que vivimos una vida en la que miramos el concepto de felicidad como un estado que se obtiene cuando alcanzas unas metas.

¿Eso quiere decir que hasta que no alcances esas metas, no serás feliz? El sendero de la vida es largo y sinuoso. ¿Qué pasará si no alcanzas ese objetivo máximo del cual depende tu felicidad? ¿Y si no obtienes ese título que tanto anhelas? ¿Y si no puedes tener los hijos como deseas? ¿Y si nunca llegas a vivir como en el cuento de hadas que tienes montado en la cabeza? ¿Te condenarás a la infelicidad eterna?

Qué tortura.

Mira... Yo soy feliz. Hoy. Ahora.

¿Soy completa y totalmente feliz las 24 horas del día? No
¿Mi vida es perfecta y tengo todo lo que quiero? No
¿Mi felicidad es eterna e inmutable hasta que me muera? No


Debería ser el hombre más infeliz del mundo, según los cánones establecidos. He fracasado estrepitosamente en todas y cada una de las relaciones amorosas en las que me he embarcado. Tuve que dejar la universidad sin terminarla. Y el trabajo que tengo está muy lejos de ser la ocupación de mis sueños. Tengo 25 años, no tengo pareja y prácticamente no he conseguido nada en mi vida.

Muchos me considerarían un fracaso y me compadecerían.

Sin embargo, hoy me siento más pleno que nunca.

Porque por fin, le he encontrado el significado a la frase de que la felicidad reside en las cosas pequeñas.

Desterré el miedo a la soledad, y por fin me siento a gusto con el silencio como única compañía, y por ello puedo disfrutar de la ternura de los besos de una mujer, sin vivir temiendo perderla. Por ello puedo ofrecer lo mejor de mí, sin exigir nada a cambio, porque el que no sufre con la soledad no le aplica cadenas a los que le rodean para que no escapen.

Comprendí que nada es para siempre, y que tarde o temprano todos los caminos llegan a su fin de una forma o de otra, quizá antes de lo que esperamos. Por ello ahora aprovecho cada ocasión que tengo para abrazar a mi familia, pues, si algún día ellos ya no están cuando los necesite, no quiero arrepentirme de no haberlo hecho cuando tuve la oportunidad.
Por ello ahora cada vez que salgo con mis amigos miro sus caras, me regodeo con su felicidad y brindo por ellos con la misma sinceridad con cada copa, porque si algún día nuestros caminos se separan, me consolará saber que nunca desaproveche la ocasión de disfrutar de su compañía.

Acepté vivir sin un plan que estructurara toda mi vida. Sin seguir el camino que los demás consideran adecuado. Estudia, trabaja, cásate, ten hijos, hipotécate, jubílate y muere. Ese es concepto iconoclasico de una vida feliz, y lo cierto es que no lo quiero, porque en la vida no siempre se cumplen todas las metas.

Concluí que los problemas llegarán tarde o temprano, que las lágrimas son inevitables, y que al final, siempre consigo salir airoso. Por ello ya no me tortura un pasado plagado de errores, ni me asusta un futuro plagado de incertidumbres.

No me voy a agobiar HOY por pensar que QUIZÁ dentro de unos años no haya encontrado la pareja perfecta, o la casa perfecta, o el trabajo perfecto.

Hoy tengo a gente que me quiere y de la que puedo disfrutar cuando quiera, y al mismo tiempo puedo permitirme el lujo de retirarme a la soledad y el silencio de un cielo nocturno sin sentirme solo. Tengo la mente ocupada aprendiendo cada día cosas nuevas, y tiempo libre para disfrutar de lo que a mí me apetezca hacer.

Hoy vivo mi vida con sensatez, pero sin asfixiarme por el futuro.

Disfruto de todos, pero ya no dependo de nadie.

Me embriagan los pequeños detalles, pero no necesito lujos para ser feliz.

¿No es maravilloso?

Hoy soy libre.

Y soy feliz.






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