En mis momentos de soledad, a menudo acudo a un lugar que
solo yo conozco y al que solo a mí se me permite la entrada.
En ese lugar, yo soy señor del espacio y del tiempo que
conforman la realidad.
En ese lugar, yo soy un arquitecto omnipotente que crea y
destruye chasqueando los dedos.
En ese lugar, yo soy la única consciencia que vaga por
doquier como un fantasma: etéreo y vaporoso, cuya intrascendencia es capaz de
atravesar piedra, metal, carne y alma.
En ese lugar, de una vastedad inabarcable, el día y la noche
se juntan permitiendo que la Luna y el Sol al fin logren abrazarse con
intimidad, bañando la eterna negrura del espacio infinito con luces de plata y
oro.
Y en mitad de esa escena eterna e inmutable reside un único
edificio creado por la mente humana.
Un Palacio.
Una colosal estructura de un tamaño y majestuosidad como
ningún ojo humano ha visto. Una fortaleza atemporal en permanente cambio,
desgaste y renovación, cuyos muros pueden crearse, deteriorarse y desmoronarse
en cuestión de minutos, o permanecer inalterables miles de eternidades.
Ese Palacio es al lugar al que acudo en mis momentos de
soledad.
En ese Palacio de lo infinito y lo efímero, tienen su hogar
mis mayores virtudes, y mis mayores defectos. Allí guardo mis recuerdos más
preciados. Mis miedos más crueles. Mis fracasos más rotundos.
Es mi Palacio. Mi Palacio de las Inquietudes
Entre sus laberínticos pasillos construí hermosas
habitaciones con acogedoras chimeneas, cuyas llamas en constante fluctuación
inundan el corazón de calidez y de paz,
y en ellas alojé a .Todas las Personas a las que Amé., deseándoles la
mayor de las felicidades.
También construí profundas y oscuras mazmorras, donde
encadené a grotescos monstruos que eran inmunes a las armas que portaba en el
momento en que me enfrenté a ellos. Mientras los mantengo en silencioso
cautiverio confío en encontrar el modo de acabar con ellos definitivamente,
antes de que lograran escapar y se hagan
con el control de mi Palacio.
En una de las más profundas y olvidadas de esas mazmorras es
donde ahora me hallo.
La criatura que aquí se halla encerrada es, casi con total
seguridad, el mayor monstruo al que me he enfrentado. Es un ente tan poderoso que
su influencia escapa incluso a su prisión.
Aquí no hay rastro de luz, ni se puede sentir la brisa en la
piel.
Aquí la comida no tiene sabor, ni se recuerda el sonido de
la risa.
Aquí no existe el tacto de una caricia, ni la liviandad del
perdón.
No hay paz, ni sonrisas, ni reconfortantes abrazos, ni la
dulzura en la mirada, ni anhelo por un beso.
Nada de eso existe en la presencia de este aberrante
monstruo que devora y contamina todo lo que en su día fue bueno y gozoso.
Durante demasiado tiempo, este monstruo tomó el control de
mi Palacio. Me derrotó y me dio por muerto, y reinó con crueldad durante años
sin que yo tuviera fuerzas para derrocarlo. Pero una chica en una estación me
mostró todo lo que podía perder si no lo derrotaba, cuando se marchó de mi vida
para siempre. Aquello me sirvió para fortalecerme y enfrentarme a este tirano
cruel cuya mano corrompía todo cuando tocaba. No conseguí matarlo, me resultó
imposible, pero logré contener su maldad en este oscuro rincón de mi amado
Palacio, intentando retener su insana influencia.
Y ahora, aquí me hallo, frente a su puerta.
Pude contenerle una vez. Pude derrotarlo una vez, y retomar
el control de mi Palacio, pero muchas veces he pensado que si volviéramos a
enfrentarnos no tendría la fuerza para hacerlo de nuevo.
Y sin embargo, aquí me hallo.
El terrible monstruo siente mi presencia incluso sin verme,
y noto como su voluntad trata de tocarme en la distancia. Siento el
desagradable frío del recelo pegado en mi piel. El punzante dolor de la duda
mientras me tiemblan las rodillas.
No sé si podré matarlo de una vez por todas, pero miro en
derredor y observo como su infección se extiende en mi hermoso Palacio. Incluso
aunque lo tenga encerrado, dormido, callado… Este monstruo tarde o temprano me
consumirá, y se perderá en el olvido todo lo bueno que pudiera haber en mí. No
me queda opción. Ya no.
Tomo el pomo en mi mano, abro la puerta y entro en la
mazmorra.
Está sentado en el suelo, mirándome con frialdad absoluta.
Siente que aún es más fuerte y se incorpora despacio. Quizá he cometido un
terrible error bajando aquí.
No tiene garras, ni colmillos. No tiene cola, ni tridente.
No devora carne humana, ni porta una guadaña. No es grande. Ni si quiera es
aterrador.
Soy yo.
Tiene mi cara. Mi ropa. Mi perilla. Mi pendiente. .
Somos iguales, con una salvedad. Él aun tiene el pelo largo.
Él no envejece, no cambia, no evoluciona.
Yo le llamo… Desconfianza.
Me mira desde la penumbra, con arrogancia y desprecio.
- Mírate. Qué asco. – suelta las palabras como si escupiera. Noto el rencor que siente, hacia mí, hacia sí mismo, hacia todo el mundo. - ¿Ya te has dado cuenta de que no eres nada sin mí?
No le contesto. Jamás lo admitiré delante de él, pero me
aterra. Le temo más que a nada en este mundo, porque soy consciente del
increíble poder que tienen sus palabras sobre mí. Si vacilo solo un momento me
atrapará en su ponzoña, y todo se habrá perdido… Para siempre. La criatura
sigue hablando:
- Sigues sin ser fuerte. Sigues siendo vulnerable. Sigues siendo idiota. ¿Crees que no veo lo que ocurre ahí fuera desde aquí? Yo lo veo todo. Yo lo sé todo, cabrón. Sé que tienes una nueva ilusión ¿a que si? De un bonito pelo rojo y de ojos aparentemente sinceros. ¿Me equivoco? ¿Es así? Una chica dulce a la que hacer feliz. A la que hacer reír. Una bella mujer a la que puedes acariciar el pelo mientras duerme y susurrarle palabras tranquilizadoras al oído cuando se encuentre perdida. Tú, el campeón. El héroe. El caballero. Pffffffff… Tú y tus mamonadas. Debes de ser el mayor soplapollas que he visto nunca.
Se pasea lentamente por la mazmorra, mientras mete una mano
en un bolsillo de esos pantalones anchos que yo tuve que tirar hace unos
años. Se aparta el pelo ondulado de los
ojos con la otra, y me mira con una sonrisa terriblemente cruel. Nunca pensé
que mi cara pudiera expresar una mueca tan horrible.
- Por eso estás aquí… Tienes miedo… Dime, ¿qué temes, hijo de puta? ¿Que te obligue a ver de nuevo como son las personas? ¿Es eso? ¿Temes perder esa ceguera que tu solito te has puesto? ¿Temes detectar de nuevo la mentira en los ojos de las personas? ¿El matiz característico del engaño en la voz de los demás? Eras un experto en eso. Me encerraste aquí y decidiste confiar. Dime cómo te ha ido. Cómo te ha ido confiando en los demás. Dímelo. No, no hace falta. Ya lo sé. Te ha ido mal. Como siempre. Porque eres un gilipollas. Me alegro. Yo te voy a decir porque estás aquí. ¿Quieres?
Vuelve a sonreír. Es un cabronazo inteligente. Será cruel y
malvado, pero sigue siendo yo.
- Estás aquí porque sabes que sigo siendo más fuerte. Sabes que tomaré el control tarde o temprano. – Sonríe con un tic desquiciado en el ojo – Los dos lo sabemos. Esa mierda de honor con el que tanto jugueteas te obliga aquí a tenerme encerrado, pero lo sabes…. –aspira el aire viciado de aquí dentro y me muestra los colmillos en una sonrisa lobuna – En tu corazón sabes lo que eres. Eres mezquino. Eres desconfiado. Lo eres, y en el fondo deseas serlo. Por eso soy tan fuerte. Sabes que de manera inconsciente eres TÚ quien me da poder. Eres tu quien permite que mi voluntad se extienda por esta mierda de sitio.
Me está describiendo mis peores miedos. Me dan ganas de
llorar. ¿Será cierto? ¿Seré así? ¿Estaré condenado al frio lacerante de la
desconfianza irracional? Yo no quiero ser así. No quiero perder a más gente por
ese motivo.
- Si. Si, mamón. Déjame que te lo explique, porque parece que eres más tonto con el tiempo. Si. Estás condenado a ser infeliz. Eso es así. ¿Lo captas de una puta vez? Este mundo está hecho para los tiburones. Para los que muerden primero y con más fuerza. Si no me aceptas ya de una jodida vez, el mundo te cogerá, te comerá y te escupirá, porque la gente te engañará como quiera y te usará como le dé la gana. Solo recibirás puñaladas traperas que te destruirán y a mi contigo, y no pienso permitir que eso ocurra, maricón. Déjame salir de una puta vez, y libera tu forma de ser. Desconfía, coño, qué más da. Sabes que te has equivocado muy poco cuando lo has hecho. Que sufran los demás antes que tú. Que no sean capaces de jugar contigo. Que no te puedan engañar. Vale más la pena una vigilia constante que un puñal en la espalda.
Empiezo a enfadarme. Noto el calor en mis brazos y en mis piernas de cuando se
acelera el pulso por la ira. Solo un descuido. Solo uno, y me perderé para
siempre. Estoy tan cerca….
- Ella te traicionará, tarde o temprano. De un modo u otro. Todos lo harán. Todos hablarán… conspirarán… Te abandonarán sin previo aviso… Y tu sufrirás, por no haberlo visto venir, por no haberte fortalecido a tiempo. Sufrirás por ser un idiota que se entrega sin reservas a la primera persona que parece tratarle bien, y te ves abandonado y rechazado después de haberlo dado todo. Lo sabes. ¡Lo sabes! ¡Y si lo sabes, entonces sácame de aquí! ¡SÁCAME DE UNA PUTA VEZ!
Sus facciones se desencajan por la locura del cautiverio. Me
doy cuenta de que tanto tiempo sin susurrarme al oído no le sienta bien. Parece
como si fuera a explotar.
- ¡¿Qué coño crees que pasará?! ¡¿Qué viviréis felices?! ¡¿Qué será ella quien cure tu .Corazón Roto.?! ¡Eso no ocurrirá, necio! ¡Idiota! ¡Iluso! ¡Ella se cansará de ti y de tus besos, y te enviara a tomar por el culo! ¡Dejarás de interesarle cuando dejes de ser la novedad! ¡Encontrará a otro mejor que tú! ¡Cojones! ¡Es lo que ocurre siempre, joder! ¡¿Aún te extrañas, subnormal?!
Sus palabras se clavan en mi mente como dagas al rojo.
Abandono. Soledad. Rechazo. Humillación.
¿Tendrá razón? ¿Acaso siempre es así? Es cierto que mire donde mire siempre veo
motivos para desconfiar, y que hace tanto tiempo que no creo en los finales
felices… Pero, algo me dice que lo que él me ofrece es un camino incorrecto.
Una senda de sufrimiento perpetuo, esperando y preparándome para una traición
que no tiene porque llegar.
Eso es lo que este monstruo con mi rostro me ofrece. Una
vida entera sospechando y esperando lo peor de los demás, solo para poder estar
preparado si llega el golpe de la traición. Y por el camino, perder a más y más
gente a la que esas sospechas y esas desconfianzas acaban hiriendo.
Qué es mejor, me pregunto. ¿El sufrimiento sordo y continuo
de vivir sospechando de todos los que me rodean? ¿O vivir en una feliz
confianza, y sentir el dolor de una puñalada trapera sin verla venir?
Cuando la chica de la estación se marchó… decidí que nunca
más volvería a perder a nadie por vivir así. Tomé la determinación de que
prefería vivir feliz confiando en los demás y con la posibilidad de sufrir con
una traición, que vivir sufriendo perpetuamente con Desconfianza susurrándome
locuras al oído.
En ese modo de vivir, aquella criatura no tenía razón de
ser. Debía morir. Debí haberla matado hace mucho tiempo.
- No me escucharás. Eres un imbécil y no me escucharás. No me aceptarás ¿verdad? –Casi veo tristeza en su cara – Entonces tomaré de nuevo el control, por nuestro bien. Yo sé qué es mejor para nosotros, y no dejaré que nos destruyas por tu necedad.
Con la velocidad de un animal acorralado se abalanza sobre
mí, sin que prácticamente pueda darme cuenta. De algún modo ha extraído una
daga negra del bolsillo, y con ella me atraviesa el pecho con un brutal
impacto.
Caigo al suelo y siento un frío que se diluye por mis venas
con cada latido de mi corazón. ¿Me ha vencido? ¿Así de fácil?
Veo que se planta de pie, frente a mí, sonriendo. Pero su sonrisa
se desvanece cuando me observa tomar la daga en mis manos y extraerla de mi .Corazón
Roto., aquél que reconstruí con mis propias manos en este mismo lugar, hace ya
tanto tiempo.
El frio se desvanece. Algo no ha funcionado como él
esperaba.
- ¿Por qué no estás muerto? – me pregunta con nerviosismo.
Me incorporo con dificultad y me planto delante de él, con
su daga en la mano.
- Ya… Ya no tienes poder sobre mí, demonio… Tus palabras aún me causan temor, pero me he hecho inmune a tu veneno. Hoy soy más de lo que jamás fui. Hoy, las habitaciones de mi palacio están llenas de .Todas las Personas a las que Amé., y ellas me dan la fuerza y el coraje que necesito para ser el .Héroe. que quiero ser, y acabar contigo de una vez por todas. Hoy ya no me vence el miedo ni el .Odio. Por encima del temor a la traición y a la soledad, está la firme decisión de vivir con la .Felicidad. como compañera de viajes. Por mí mismo. Por mi cordura. Por mi honor. Por todo ello, seré el hombre que quiero ser, y tomaré el camino que crea correcto. – Inspiro profundamente - Y en .Mi Camino., tú no tienes cabida, demonio. – Las palabras salen de mi boca sin que me dé cuenta. – Eras veneno para mí, y para los que me rodean. Eres un fuego incombustible que lo consume todo y no deja más que ruinas tras de sí. Demasiado tiempo has vivido en este Palacio, y demasiado tiempo te has alimentado de mis .Sueños. y temores. Es hora de acabar contigo, y con todo lo que representas.
La daga en mis manos se calienta con mi ira hacia aquella
criatura que tanto me había hecho sacrificar. La hoja hirviendo al rojo vivo
ilumina la estancia y alumbra las facciones de sorpresa de mi mayor enemigo,
que viste mis ropas, lleva mi rostro y tiene mi voz.
Doy un paso atrás y miro a los ojos a aquella criatura
abyecta, que no comprende la voluntad del cambio ni el deseo de evolución. Tomo
impulso y con una estocada certera clavo el puñal candente en su pecho.
- Muere, criatura. Muere y libérame. Desaparece, y llévate contigo la condena del recelo. No susurrarás más palabras infectadas en mis oídos. ¡Muere, te digo!
Me mira con incredulidad y se lleva las manos al pecho,
temblorosas. Siento como su influencia decrece, se marchita y muere. Cae de
rodillas, consumido por el fuego de la daga que antes empuñaba.
Me alejo unos pasos y observo como las llamas lo engullen,
sin que él pueda moverse ni gritar. Solo me mira mientras es pasto del fuego.
Aun sigue sin entender cómo ha podido ser derrotado.
Finalmente se convierte en cenizas, que se dispersan en la
suave brisa que comienza a correr por aquí.
Miro a mí alrededor. Todo sigue igual de oscuro y marchito,
pero tengo la certeza de que incluso este lugar acabara sanando. Tengo la
certeza de que aquí volverá a brillar la luz.
Tomo la daga del suelo, y la enfundo en mi cinturón.
No tengo claro que todo haya acabado. Esa criatura es más
antigua que yo, y no conoce la vida ni la muerte. No sé si tiene la capacidad
de volver cuando meno
s lo espere. Pero ahora mismo he dejado de sentir su
oscuro poder dentro de mí, después de tantísimos años.
El futuro es incierto, pero ahora mismo soy libre. Ya puedo
salir por la puerta de esta oscura mazmorra y recorrer sin miedo de nuevo las
innumerables salas de este lugar maravilloso y terrible que es mi mente. Mi refugio.
Mi Palacio de las Inquietudes.
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